Ricardo Arispe. La niña del batey. 2026
Proyecto Batey nace de la necesidad de comprender un territorio que suele ser explicado desde afuera. Cuando se habla de los bateyes de República Dominicana, la conversación generalmente se concentra en la pobreza, la migración haitiana, el trabajo en los campos de caña o la apatridia. Son temas indispensables, pero muchas veces aparecen convertidos en cifras, titulares o categorías que terminan ocultando a las personas que viven esas realidades. El proyecto parte de una pregunta sencilla: ¿qué ocurre cuando dejamos de observar el batey únicamente como un problema y comenzamos a acercarnos a él como una comunidad viva, con una estructura social, una memoria y una manera particular de relacionarse con el territorio?
Mi interés no es hablar en nombre de quienes habitan el batey ni construir una representación basada únicamente en la carencia. Me interesa entrar, permanecer, escuchar y comprender. Reconocer las relaciones familiares, las formas de organización, el trabajo, las celebraciones, las creencias, los afectos y los pequeños gestos que sostienen la vida cotidiana. La migración y la apatridia atraviesan esa realidad, pero no la definen por completo. Detrás de cada condición jurídica existen historias personales, vínculos comunitarios y generaciones que han nacido y crecido en un territorio al que pertenecen, aunque esa pertenencia no siempre sea reconocida legalmente.
El batey no puede entenderse sin la caña de azúcar. Su existencia está vinculada a una estructura económica que organizó el territorio alrededor de las fincas y plantaciones, desplazó trabajadores y produjo comunidades enteras asociadas a la industria azucarera. Esa estructura no pertenece únicamente al pasado. Sus consecuencias continúan presentes en la distribución del espacio, en las condiciones laborales, en el acceso a servicios básicos y en las dificultades que enfrentan muchos de sus habitantes para obtener documentos, estudiar, trasladarse o ejercer plenamente sus derechos. Por eso, acercarse al batey también significa mirar una parte de la historia del Caribe que todavía permanece activa en el presente.
Decidí realizar las imágenes mediante fotografía analógica porque el proyecto necesita tiempo. Cada fotografía exige detenerse, observar y establecer una relación con la persona o el espacio que está delante de la cámara. No existe la posibilidad de producir imágenes de manera ilimitada ni de comprobar inmediatamente el resultado. Esa espera introduce una distancia distinta frente al impulso de registrar todo. La fotografía deja de ser solamente una evidencia y se convierte en una forma de encuentro, en una manera de aproximarme al territorio sin pretender agotarlo ni explicarlo por completo.
Proyecto Batey es, en ese sentido, una investigación abierta. No busca producir una conclusión definitiva sobre estas comunidades, sino construir un archivo desde la cercanía, la escucha y la permanencia. Un archivo que permita comprender cómo se vive dentro del batey, cómo se construye la pertenencia y qué significa habitar un país cuando el propio país no siempre reconoce tu existencia. Más que mostrar una realidad ajena, el proyecto intenta reducir la distancia desde la cual acostumbramos a mirarla. Porque comprender el batey exige entrar en él, escuchar a quienes lo habitan y aceptar que su historia también forma parte de nuestra historia caribeña.
Ricardo Arispe
